12/4/18

Tinkunaco significa Encuentro

Desde la azotea de un edificio de dos pisos, una radio se brinda como un espacio de encuentro para las distintas denuncias, luchas y alegrías de la zona. A pocos meses de cumplir los 20 años, entrevistamos al equipo de FM Tinkunaco quienes, a paso firme, vienen construyendo otra comunicación.

Andar pausado, media sonrisa en el rostro. Daniel nos recibe en la puerta del Centro Comunitario Belén con un abrazo y nos invita a pasar. Subimos dos pisos por una estrecha escalera que asciende en caracol. Detrás de cada puerta, podemos ver niños jugando en varias salitas de un jardín maternal.

Finalmente, llegamos hasta la última puerta del recorrido e ingresamos al estudio. A la derecha, hay una pequeña cocina. A la izquierda, hay tres puertas y dos escritorios, con sus respectivas computadoras. Hay papeles sobre una mesa, almanaques y afiches. Sobre una de las paredes, junto a una ventana, un retrato de Rodolfo Walsh inspecciona lo que allí acontece.

Rosa, Yamila, Gisella y Vanina interrumpen lo que están haciendo para darnos la bienvenida. Nos sentamos. La ronda de mates comienza a circular. En una de las cabeceras de una mesa, Rosa inspecciona papeles con suma atención. En la cabecera opuesta, Daniel se dispone a responder nuestras inquietudes.

Mientras tanto, las chicas trabajan con las computadoras; entran y salen del estudio y la cabina de control. Cuando pueden, paran un segundo para tomarse un mate y continuar. De refilón, se escucha la música que viaja por el éter. Cada tanto, la voz de una locutora se comprende con claridad.

– ¿Cómo te acercaste a la radio? – preguntamos.
– En realidad – aclara Daniel – yo fui uno de los niños que venía a este Centro Comunitario.

Y es que la historia de FM Tinkunaco, está unida a la vida de su barrio, San Atilio. Pero, por sobre todas las cosas, está unida a la historia del Centro Comunitario Belén.

***

Todo comenzó cuando, a finales de los ochenta, un grupo de madres se organizó. En aquel momento, muchas familias no tenía con quien dejar a los más pequeños, cuando los adultos se iban a trabajar. Entonces, con la ayuda de un sacerdote, un grupo de mujeres instaló una guardería, para suplir la falta de jardines de infantes en la zona.

La experiencia vivida por Daniel, nos permite contradecir la desesperanza.

– ¿Qué recuerdos tenés de chico, acá en el Centro?
– Tengo muchos recuerdos felices. Yo me propuse ser educador, porque quería devolver algo de todo lo que me habían dado. Nos recibían con mucho afecto. Veníamos para acá después de la escuela. Almorzábamos, teníamos actividades de recreación, hacíamos la tarea. La primera vez que salí de la provincia, por ejemplo, fue cuando hicimos una actividad que organizaron los educadores de ese momento. Recuerdo que fuimos de campamento a Entre Ríos.

Con el paso del tiempo, la organización fue creciendo y adaptándose a las necesidades de los vecinos del barrio. En la actualidad, el Centro Comunitario recibe a 250 personas. Para los más pequeños, hay salas materno-infantiles, a partir de los 45 días, en adelante. Para los chicos y chicas que están en la primaria, se brindan clases de apoyo escolar. Los mayores de 14 años, continúan con las actividades en la Biblioteca Paulo Freire, donde se brindan talleres de género, video, radio, mural y guitarra.

Para concluir su agradecimiento, Daniel lanza una frase que nos queda resonando en el aire.

– Yo soy el mayor de tres hermanos. Todos los días, mi vieja peleaba para que tengamos el mejor pasar posible. Si no hubiera estado el Centro Comunitario, no sé qué hubiera sido de nosotros.

Y pensamos: detrás del aquel plural amenazante (“no se que hubiera sido de nosotros”), hay otro plural (“el Centro…”), que brinda un espacio para mostrar algo distinto.

Pero, por sobre todas las cosas, brinda un espacio para soñar algo diferente.

***

– ¿Cómo surgió la idea de instalar una radio? – preguntamos.

Hace poco más de 20 años, los educadores del grupo de jóvenes tuvieron una idea.

– Lo que pasaba era que los chicos comenzaban desde que eran bebes – recuerda Daniel – Pero cuando llegaban a los doce años, no había ninguna propuesta en el barrio.

Fue entonces que pensaron en instalar una FM.

Tras gestionar una beca de financiación, el Centro Comunitario logró conseguir el equipamiento básico. Es decir: el equipo transmisor, la antena, la consola, los micrófonos. Finalmente, FM Tinkunaco se inaugura el 4 de octubre de 1998. Pero una serie de robos, durante el año 2000, los obligó a hacer un parate.

– Yo no sabía nada de radio – explica Daniel – estudiaba educación física en ese momento. Pero me parecía una picardía tener el equipamiento y no utilizarlo.

– ¿Cómo fue aquella experiencia de reorganización?
– Antes de prender cualquier micrófono, nos juntamos a pensar qué queríamos hacer con la radio, a pensar una identidad. Entonces, formulamos una especie de ideario. Tenía que ser una radio plural; que tenga información local; que difunda música latinoamericana, nacional, independiente; y que esté fuertemente ligada a la defensa de los derechos.

– ¿Cómo fue que decidieron tomar esta línea editorial?
– Lo que nos pasaba, era que nos encontrábamos todo el tiempo con murgas, centros culturales, grupo de mujeres, bibliotecas populares, espacios deportivos. Y que eso no lo cuente nadie es, de alguna manera, una derrota a la posibilidad de hermanarlos. El desánimo siempre lleva al individualismo. Y eso abunda en los medios privados.

– ¿Qué objetivos persiguen desde entonces?
– Nosotros pretendemos que la radio se transforme en un actor legítimo reconocido por la comunidad. Tratamos de buscar el balance entre la denuncia de la falta, con la potencialidad de todo lo que podemos hacer cuando nos encontramos y trabajamos cooperativamente.

Dicho de otra forma: buscar la esperanza en las múltiples historias silenciadas por los grandes medios de comunicación. Combatir la desidia y la dejadez, con la palabra y la acción.

– ¿Qué significa Tinkunaco? – consultamos, por curiosidad.
– Tinkunaco significa encuentro – nos responden.

Y resulta claro porqué.

***

“Una radio comunitaria no es una radio pobre, pequeña, precaria, de baja potencia”, leemos por ahí. “Tampoco es necesariamente un medio local”.

Daniel confirma nuestra sospecha.

– Lo que difiere, lo que distingue a las radios comunitarias de las comerciales, es el objetivo político comunicacional.

En la Argentina, las radios comunitarias surgen a mediados de los ochenta. La Ley de Radiodifusión N º 22285, promulgada durante la dictadura militar, no las contemplaba. Por ese motivo, muchas se instalaban sin autorización gubernamental. En 1989, a través del COMFER (Comité Federal de Radiodifusión), durante el gobierno de Raúl Alfonsín, se realizó un relevamiento de radios.

Para suplir este limbo legal, lo que se hizo, fue otorgarles un permiso precario y provisorio, hasta tanto se promulgue y aplique una nueva ley. Esto, sin embargo, no evitó que muchas radios fueran clausuradas o confiscados sus equipos.

Pero justamente en este contexto, surgieron dos experiencias que sabrían agrupar a cientos de emisoras: AMARC Argentina (Asociación Mundial de Radios Comunitarias), por un lado; y FARCO (Foro Argentino de Radios Comunitarias), por el otro.

Lentamente, el espacio radiofónico comunitario comenzaba a organizarse.

***

Una computadora portátil sobre la mesa, muchos papeles por revisar y atender. Rosa tiene la mirada atenta en lo que tiene que hacer. Sus compañeros coinciden que su trabajo es vital. Rosa está encargada de la parte más tediosa del asunto: el papeleo.

– ¿Cómo te acercaste a la Tinkunaco?
– Yo soy trabajadora social. Recuerdo que hace 15 años, la radio fue a dar talleres al lugar donde yo trabajaba; un centro de asistencia y prevención en violencia familiar

Una de las características más sobresalientes que tiene la Tinkunaco, es que la radio no se conforma con brindar un espacio de encuentro; sino que también, tiene por misión salir al encuentro de otros espacios.

– La radio tiene esa cosa de salir al exterior… – dice Rosa y se corrige sobre la marcha – La Tinku, especialmente, es una radio que está en la calle.

Los talleres que se brindan en escuelas, organizaciones sociales y centros culturales y comunitarios, son la materialización de este deseo.

– ¿Cuál fue la respuesta que tuvo esa experiencia?
– El espacio fue reconfortante para los profesionales que trabajaban en la Casa de la Familia. Y así empezamos a vincularnos. Cuando se incorporó el taller de radio, se le dio otra impronta al trabajo con los chicos. Era la primera vez que se reían, que participaban, que era algo más que el dolor y la angustia de todo lo que atravesaban.

– ¿Qué beneficios le trae a un tallerista tener una experiencia de radio?
– La radio es un espacio de expresión, de comunicación; un espacio donde podes decir lo que te pasa a vos. Recuerdo que una vez hicimos una radio abierta con un grupo de mujeres que, en algún momento, habían pasado por situaciones de violencia. Es muy importante poder replicar, poder contar y decirles a otras de que podes salir. Vos estás invitando al otro a cambiar, a transformar, a decirle que es posible.

Los talleres tienen, desde entonces, este doble premisa. Por un lado, brindan habilidades concretas del quehacer radial. Pero por otro, invitan a los participante a tomar la palabra para contar y contarse.

Y cambiar aquello que nos duele.

***

Tuvieron que pasar veinte años, para que la situación legal de las radios comunitarias fuera revisada. Y esto sucedió el 10 de octubre de 2009, cuando sancionada la Ley N º 26522 de Servicios de Comunicación Audiovisual. Dicha ley crea a Autoridad Federal De Comunicación Audiovisual (AFSCA) como organismo regulador del sector. La misma, contempla la posibilidad de que los servicios sean operados por 3 tipos de prestadores: los de gestión estatal, gestión privada con fines de lucro y los de gestión privada sin fines de lucro. Además, se estableció que el 33 % del espectro radial, fuera ocupado por emisoras sin fines de lucro. Así, después mucho tiempo, la situación legal de las radios comunitarias se regularizó.

Todas medidas sufrieron un revés cuando Mauricio Macri asumió la Presidencia de la Nación. Una de las primeras medidas adoptadas, en materia comunicacional fue la eliminación del AFSCA y AFTIC. Para reemplazarlos, se creó el Ente Nacional de Comunicaciones o ENACOM. Veinte días después la creación de este organismo, dos radios populares (Radio M 104.1 de Virrey del Pino y FM Fórmula 87.7 de Merlo) fueron cerradas y decomisadas a la fuerza. Parafraseando al premio Nobel de Literatura, Octavio Paz: “toda victoria es relativa, toda derrota es transitoria”. Resulta claro que se debía defender todo lo conseguido, en materia legislativa.

Pero más importante que todo esto, es la certeza que las radios comunitarias ya habían iniciado un camino imposible de desandar.

***

– Esta bueno que haya un grupo estable como éste – reflexiona Rosa – Muchos de los que pasaron por los talleres, hicieron su experiencia y se fueron.

Mientras conversamos con Rosa y con Daniel; Yamila, Gisela y Vanina no paran un segundo. Parece mentira: para que la palabra circule y viaje por el éter, existe mucho trabajo silencioso detrás.

Se nos dice, por ahí, que las chicas son tímidas y casi hablan fuera del estudio. Esto enciende nuestra curiosidad.

– ¿Cómo se sumaron a la radio, chicas? – preguntamos, en un impasse.
– En realidad, con Gisella fuimos parte de un movimiento escolar – recuerda Yamila – Justo la radio entra para como complementar eso que estábamos pasando, dentro del Centro de Estudiantes. La radio entra como un taller más, en horario extracurricular. Nosotras estábamos en la escuela de 7 a 6 de la tarde, en la escuela técnica. Y los jueves nos quedábamos dos horas, de 18 a 20.

Y aquí podemos observar, otra vez, cómo se interrelacionan el adentro y el afuera, en este espacio de encuentro creado y sostenido por la Tinku. Y aquí podemos observar, también, cómo este proceso los fortalece como medio de comunicación.

– Gisella es una de las voces de la Tinkunaco – tira Daniel al pasar.

Gisella se acerca con lentitud, pero se relaja en cuanto la palabra y los mates comienzan a circular.

– ¿Qué fue lo que te gustó?
– ¡Todo! Una se enamora – subraya – Siempre nos preguntan: ¿vos que haces en la radio? Bueno: ¡todo! Hago locución, producción, puesta al aire, edición. Acá, todos hacemos de todo un poco.

La Tinku significó, para muchos de ellos, el primer acercamiento a un medio. Pero también, el inicio de un camino de compromiso con la palabra. Un camino de profesionalismo, de generosa devolución del arte que se cultiva, al resto de la comunidad.

– Nosotras replicamos los mismos talleres que nos dieron – reflexiona Gisella.

Pero este crecimiento individual, está acompañado de un proceso grupal. La Tinku se sostiene gracias al trabajo de su gente.

– Con Yamila, en su momento, participamos de los festejos de los diez años – recuerda – ¡Pensar que hoy estamos organizando los festejos de los veinte años!

La Tinku se sostiene gracias al trabajo de su gente, decíamos.

Y de gente que elige estar donde está.

***

Pero las actividades que realiza la Tinku, no se limitan solamente a la transmisión radial o el dictado de talleres.

Desde el año 2011, llevan adelante la campaña “Hagamos un trato por el buen trato“. “La campaña tenía como objetivo principal promulgar, de una manera distinta, el buen trato para con los niños, niñas y adolescentes y generar un espacio de recreación para ellos”. En esa ocasión, “los niños, niñas y adolescentes se vacunaron, de manera simbólica, con un caramelo, un corazón y un certificado de vacunación a los adultos que se comprometieron a reconocer, proteger y velar por sus derechos, y contra cualquier situación que los vulnere”.

En 2016, por ejemplo, fueron una de las organizaciones que colaboraron en la realización de Arandu, una Muestra de Cine Indígena y comunitario, coordinado por el Ciclo Reencuentro de Pueblos Originarios de la Universidad de General Sarmiento.

Más cerca en el tiempo, impulsaron el Primer Concurso de Cuentos Infantiles “Del papel a la Radio”. Nuevamente, la Tinku propició el “encuentro de lxs jóvenes y niñxs escritores, que no sólo recibieron su propio reconocimiento; sino que además tuvieron la posibilidad de conocer las historias presentadas por sus pares y encontrarse con parte del jurado encargado de la selección de los cuentos”.

Todo esto, mientras en paralelo, sostienen el portal de noticias Información Regional y abastecen al sitio El diario de José C. Paz.

– Tenemos problemas para sistematizar los lugares en los que participamos – sostiene Yamila en cierto momento de la entrevista.

Y no es para menos. Marchas, festivales, movidas solidarias. El equipo de la Tinku se multiplica, para cubrirlo todo, con una facilidad sorprendente. Realmente, están en todos lados.

Inagotable, soñador y perseverante, la gente de la Tinku trabaja muy duro para demostrarnos, en los hechos, que otra forma de comunicación es posible.

***

Es entonces, cuando Vanina se sienta a conversar con nosotros.

– ¿Cómo fue te acercaste a la radio? – preguntamos.
– Yo me recibí de Licenciada en Comunicación en la UNGS. Y en el proceso, tuvimos que trabajar con organizaciones. Una de las materias nos trajo a la radio para hacer una investigación, para ver cómo era la conexión del medio con el resto de las organizaciones de la región. En ese marco, vinimos con un grupo de compañeras. Después, hicimos un proyecto de programa, que fue un magazine, los viernes a la tarde con otra materia. Y me fui quedando.

– ¿Al margen de que vos elegiste estudiar eso, cómo te transformó la experiencia de comunicar?
– Nosotros siempre decimos que la Tinku, más allá de las ocho horas que pasamos acá, son las diferentes actividades que hacemos afuera. Ahora que estamos cumpliendo los 20 años, estamos pidiendo que los vecinos nos manden audios contando que significa la radio para ellos.

Basta escuchar Encuentro en las noticias, para comprender esta premisa. Basta con revisar la página Información Regional, donde se postean las notas, para entender que la gente de la Tinku, está donde tiene que estar.

Los testimonios llegan desde todos los rincones de José C. Paz, Malvinas Argentinas y San Miguel. Los oyentes encuentran un lugar para ser escuchados y escucharse.

– Y ahí es cuando tomas dimensión y te das cuenta de lo que sos para los vecinos – reflexiona Vanina – Cuando te ven en una marcha y te dicen: ustedes siempre están en todos lados.

Y subraya, para dejar en claro el compromiso asumido:

– Aunque sea uno de nosotros, siempre intenta estar.

– La radio es una interpelación directa – agrega Daniel – Yo no puedo salir al micrófono y decir algo, si no estoy dispuesto a cambiar, porque sería un hipócrita. No podes estar planteando un montón de consignas, avalando un montón de reclamos, sino te pasan por el cuerpo.

***

“Por su estructura única e indestructible, el lenguaje es una amenazante peligro para la civilización mercantilista”, reflexiona la poeta y ensayista Ivonne Bordelois en su libro “La palabra amenazada”. “Por eso, para los sectores de poder es perentorio, volver [al lenguaje], invisible e inaudible”.

En esto pensamos, tras escuchar el spot de la radio: “Tu voz, nuestra voz”. La frase es, desde luego, una metáfora. Pero, por sobre todas las cosas, es una declaración de principios. Propone, desde un principio, la horizontalidad, en el sentido en el que “tu voz es nuestra voz”. Pero también, se hace cargo y toma partido.

– Yo creo que lo que más te impacta – dice Rosa – y hace que uno se quede en la Tinku, es ver que podes ser parte de la transformación. La radio no solo te da el espacio, sino que también te va acompañando en ese poder decir, porque a veces tenés mucho para decir y no sabés cómo.

Los grandes medios de comunicación no solo se dedican a silenciar mayorías. Paralelamente, se obstinan en la posibilidad de que esas mayorías no puedan nombrarse. Las palabras son bastardeadas, menospreciadas. El lenguaje se acorta.

Por eso, la propuesta de la Tinku es sencilla, pero vital. La música y palabra se transforman en una excusa para reunirse. Que el resultado de la experiencia sea un programa radial, es circunstancial. Pero lo más importante, es lo que ocurre con las personas que se involucran. El que se atreve a tomar la palabra, comienza un camino lento, pero transformador.

– ¿Qué significa Tinkunaco? – consultamos, por curiosidad.
– Tinkunaco significa encuentro – nos responden.

Y resulta claro porqué.